Mi intercambio en Bélgica

Soy Candela e hice mi intercambio en Bélgica en 2021. Viví en Namur, la capital de Valonia, la región de habla francesa del país.

Sin contar con el campamento orientativo que hicimos con Yfu España, no me preparé realmente para el intercambio. Mi verano antes de irme se basó en disfrutar del día a día con mis amigos y familia, reservando, desde luego, un hueco para hacer las maletas los últimos días antes de marcharme. No quería pensar en que me iba a pasar todo un año fuera.

Inevitablemente, todas las emociones llegaron de golpe cuando apenas me quedaban un par de horas para dormir antes de ir al aeropuerto. De repente, no me quería marchar y tenía miedo de que todo saliera mal en Bélgica, pero fue una sensación rara porque al mismo tiempo seguía teniendo ganas de irme.

Mis primeras semanas en Bélgica fueron extrañas. Aunque me había integrado rápido a mi familia y encontrado un grupo de amigos con el que me sentía bien, tardé mucho en acostumbrarme a los horarios de las comidas.

En el instituto teníamos la pausa para comer a las 12 del mediodía, una hora a la que, en España, se suele tomar un café o un pequeño snack, pero en Bélgica lo normal era comerse su táper o un bocadillo frío, algo que hacían todos mis amigos, mientras que yo intentaba que me entrara el hambre para poder darle un par de mordiscos al mío. Como al final de la mañana acababa comiendo muy poco, siempre terminaba de comerme el bocadillo al llegar a casa, a las cuatro de la tarde. Sin embargo, no era consciente de que dos horas más tarde, si no antes, ya sería la hora de cenar. El momento del día en el que mi familia anfitriona hacía grandes cantidades de “comida de plato” deliciosas para todos. Pero, muy a mi pesar, no pude disfrutar realmente de ellas durante los primeros meses del intercambio porque no tenía el hambre suficiente como para cenar a las 6 de la tarde y menos después de haber comido el bocadillo de la mañana un rato antes.

A nivel social, la gente de Bélgica me sorprendió bastante. Cuando decía que me iba a ir de intercambio a Bélgica, todo el mundo me decía que la gente era muy cerrada, independiente y pasota con respecto a los extranjeros. Pero en realidad es todo lo contrario. Todo el mundo estaba muy atento conmigo y me ofrecían ayuda constantemente. Hasta me llamó la atención que, varios días antes del inicio de curso, varias personas con las que iba a estar en clase me escribieron para ofrecerme pasar con ellos los recreos y dejarme apuntes si los necesitaba. Lo gracioso fue que tuve que pedirle ayuda a mi hermana anfitriona, que también iba en mi clase, para que me dijera quién era quién. Estaba rodeada de tanta gente nueva preguntándome seguido qué tal llevaba el cambio que ya no distinguía a nadie. Gracias a estas personas que se convirtieron en mis amigos, cada año reservamos un par de días para poder vernos y pasar las mejores semanas de nuestro verano juntos.