Intercambio en Irlanda
¿Cómo es el Transition Year?

Hola, soy Celia y a continuación voy a contaros un poco cómo fue mi experiencia durante el curso 2020–2021, el año en el que me fui de intercambio a Irlanda. Tenía 15 años y decidí pasar allí un curso escolar completo, viviendo con una familia anfitriona y estudiando lo equivalente en España a cuarto de la ESO.

Durante ese año viví en Cork, una ciudad situada en el sur de Irlanda, donde cursé el llamado Transition Year. Elegí este país por ser de habla inglesa, un idioma que ya hablaba un poco y que quería perfeccionar, y también porque sabía que era un país cercano y accesible, al que podría volver fácilmente en el futuro para visitarlo o compartirlo con mis amigos/as o familia.

Antes de irme, recibí un consejo que terminó siendo clave durante todo el intercambio. Me lo dio mi hermana mayor, que también había vivido una experiencia similar: no tener expectativas e ir con la mente muy abierta. Ese consejo se convirtió en la guía de mi año en Irlanda. Me fui con ilusión y con ganas de disfrutarlo al máximo, pero entendiendo que no iba a ser perfecto, que habría días buenos y días malos, igual que en mi vida cotidiana en Madrid.

Las primeras semanas en Irlanda fueron extrañas. En realidad, todo el año tuvo algo de raro, ya que coincidió con el período post-COVID. Nada más llegar tuvimos que hacer una cuarentena de quince días y, durante varios meses, las restricciones marcaron completamente nuestra rutina. Desde enero hasta abril, las clases fueron online y el colegio permaneció cerrado, además de tener que llevar mascarilla durante gran parte del curso. Todo esto dificultó mucho la socialización y el conocer gente local.

La convivencia con mi familia anfitriona también fue diferente a lo que estaba acostumbrada en España. La relación era más fría y distante, compartíamos poco tiempo juntos y la dinámica era bastante más independiente. Aun así, entendí que la situación no era fácil para nadie y que el contexto del COVID influía mucho en la forma de convivir.

Donde realmente encontré el mayor apoyo y la parte más positiva de mi experiencia fue en los otros estudiantes de intercambio. Irlanda recibe a muchísimos estudiantes internacionales, y gracias a eso no solo pude conocer la cultura irlandesa, sino también convivir con personas de muchos países diferentes. Durante la primera mitad del año compartí casa con una estudiante alemana y en la segunda mitad con una italiana. El hecho de tener a personas que estaban pasando exactamente por lo mismo que yo fue fundamental. Entre nosotros se creó una conexión muy fuerte, basada en el apoyo mutuo y en entendernos sin necesidad de explicaciones.

Estamos muy acostumbrados a escuchar historias de intercambio perfectas e idílicas, y la mía, por las circunstancias, no fue la más típica. Sin embargo, aprendí que incluso de las experiencias más complicadas se puede sacar algo valioso. Yo me quedo con las personas que conocí, porque gracias a ellas, al volver, he podido viajar a sus países, conocer a sus familias y mantener relaciones que siguen formando parte de mi vida.

En el ámbito académico, el hecho de no poder asistir a clase de manera presencial durante tanto tiempo dificultó la integración con estudiantes irlandeses. Aun así, como todos los estudiantes de intercambio estábamos en la misma situación, nos apoyábamos constantemente. Cuando fue posible, me apunté a clases de bádminton y participé en las actividades que se permitían.

El Transition Year fue una de las partes que más me gustaron del sistema educativo irlandés. Además de las asignaturas tradicionales, teníamos materias muy variadas como cocina, arte o actividades prácticas como trabajo con madera. Este tipo de asignaturas te permite descubrir qué te gusta y qué no antes de empezar bachillerato. La metodología también me llamó mucho la atención, especialmente en asignaturas como física, donde pasábamos gran parte del tiempo en el laboratorio, algo poco habitual en España. Todo esto hace que el aprendizaje sea mucho más práctico y enriquecedor.

Irlanda es un país pequeño y fácil de recorrer, y cuando las restricciones lo permitieron, pude viajar y conocer muchos lugares. En mi tiempo libre me encantaba ir a la playa, hacer picnics o dar paseos por su naturaleza, que es impresionante. Da igual a dónde vayas: siempre encuentras un paisaje especial.

Mi mayor aprendizaje personal fue entender que las cosas no siempre salen como las imaginamos. No todo está bajo nuestro control, pero sí está en nuestras manos decidir cómo vivir cada situación. Ese consejo inicial de mi hermana volvió a aparecer constantemente durante el año: aceptar lo que venía y tratar de sacar lo mejor de cada momento. Si no podíamos ir a clase o no podíamos alejarnos más de dos kilómetros y medio de casa, nos adaptábamos y convertíamos lo cotidiano en algo especial, quedando en el pueblo con otros estudiantes.

Cuando volví a España, me di cuenta de que había cambiado. Me sentía más independiente, más autónoma y mucho más consciente de la suerte que tenía: mi familia, mis amigos, mis hobbies. Además, esta experiencia despertó en mí una pasión enorme por viajar. Desde entonces, conocer otros países, culturas y formas de vivir se ha convertido en uno de mis mayores hobbies. Creo firmemente que conocer es también respetar, entender y abrir la mente.

Si tuviera que dar un consejo a otros estudiantes que estén pensando en hacer un intercambio, sería el mismo que me dio mi hermana y que marcó mi experiencia: Cada intercambio es diferente, incluso en el mismo país o ciudad, y la actitud con la que lo vivas es clave. Si algo no sale como esperabas, no tiene por qué ser culpa tuya. Lo importante es adaptarse, aprender y aprovechar al máximo lo que tienes delante.

Al final, aunque no fue un año perfecto, sí fue un año profundamente transformador, lleno de aprendizajes y crecimiento personal. Un recuerdo que me acompañará siempre y del cual estaré siempre agradecida por haber tenido la oportunidad de vivir. Además, hacerlo de la mano de YFU creo que me aportó mucha seguridad y tranquilidad en todo momento, así que… ¡Mil gracias todas las personas que hicieron esto posible!